Estudiando la ruta

Estudiando la ruta
Expedición Licancabur

sábado, 17 de enero de 2015

Desafiando al guardián de Santiago.

Esta salida comienza el día jueves 4 en la tarde, cuando emprendemos rumbo a Santiago. La idea era poder hacer un viaje tranquilo, un poco fuera de lo acostumbrado (al menos para mi) de las otras salidas realizadas a la capital, viajar de noche, dormir en el bus y retornar de madrugada nuevamente. Esto implicó agregar un aspecto que no consideramos: los tacos del viernes en la mañana de Santiago. Dado que pernoctamos en Puente Alto, tuvimos que cruzar buena parte de Santiago y era inevitable no encontrar un taco en un día hábil. Así que después de casi 3 horas pudimos por fin avanzar con mayor rapidez y tomar la tan maltratada ruta G-21, de las interminables 40 curvas, rumbo a Valle Nevado.

Cerca de medio día llegamos al centro de esquí, donde después de los correspondiente registros cruzamos por los caminos habilitados solo para 4x4 (siguiendo a una caravana de 4 vehículos más) hasta llegar al sector de Tres Puntas, donde se enlaza con la ruta que viene desde La Parva y frente al Pintor (4100 msnm), hermoso cerro que regala lindos colores en sus laderas. Desde aquí ya se apreciaba que sería un fin de semana de mucha gente, los pilcheros en sus mulas ya se preparaban para transportar las cargas de esta caravana y no menos de 10 vehículos ya habían estacionados en ese sector. El trekking hacia Piedra Numerada fue relajado, adaptando el cuerpo a los 3500  - 3600 msnm con los que ese sector cuenta y en menos de 2 horas ya estábamos en el primer campamento. Era temprano, pero la planificación nos obligaba a disfrutar de un agradable primer campamento en este sector, con agua a la mano, agradable temperatura, hermosas vistas, en fin, un primer paso para la aclimatación. Nos encontramos con no menos de 15 carpas (incluida una carpa cocina) y algunas cordadas que seguían de largo hacia Federación.




 




La mañana siguiente comienza con algo de viento y, en ocasiones, una densa neblina que a ras del suelo cubría todo y provocaba que el entorno brillara maravillosamente al punto de encandilar. Las nubes ingresaban desde el valle, cubrían el campamento y se deslizaban entre las laderas de los cerros, lo cual junto con el viento que comenzó a esa hora daba cuenta de una jornada algo movida. Desarmamos el campamento y comenzamos el trekking hacia los 4200 msnm del refugio de Federación, lugar de nuestro campamento avanzado. Está la posibilidad de acampar en el sector de la Hoya o en Los espejos, pero para nuestro objetivo no se justificaba avanzar más. El trekking comienza relajado, avanzando en conjunto con varias cordadas y pilcheros que subían y bajaban permanentemente con equipo de varios grupos. Las cascadas congeladas se aprecian algo más pequeñas y el estero con mucha agua, lo cual dejaba en claro el calor que se percibe durante el día (solo que el viento disminuía bastante las sensación térmica). Después de 4 hrs. llegamos a instalar nuestro campamento bajo un intenso viento (con ráfagas de unos 60 a 70 km/hr). El abastecimiento de agua estaba asegura gracias al tradicional canal que pasa junto al sector del refugio. ¿Estábamos en altura? Hasta ese momento nuestra adaptación iba bastante bien, hidratándonos permanentemente y alimentándonos de igual manera. El resto del día sirvió para descansar, caminar por los alrededores y presenciar como llegaban y llegaban cordadas, (caminando y transportados por pilcheros) hasta llegar a superar las 60 carpas, o sea más de 120 personas solo en Federación, sin contar unas cuantas carpas más en el sector de la Hoya y entre los cuales habían también distintos objetivos (la gran mayoría ascendiendo el Plomo por su ruta normal, dos cordadas ascenderían por el glaciar colgante y otra más por el Iver). El silencio comenzó a invadir muy temprano el campamento, todos preparaban su salida para la madrugada siguiente, siendo la hora promedio de inicio del ascenso a las 4 am.







 Fue una noche fría aunque acrecentado por el intenso viento, ya que en los momentos que las ráfagas cesaban la temperatura en el campamento se hacía hasta agradable. La luna llena iluminaba todo a nuestro alrededor, pero al momento de salir de la carpa ya se apreciaba una larga fila ascendiendo por la morrena hacia la Hoya. Pasado las 4 am fue nuestra hora de salida. El avance fue lento, evitando esfuerzos o cambios bruscos de ritmo lo cual junto con las intensas ráfagas que a ratos se sentían hacía que el frío comenzara a sentirse muy intenso. Tempranamente cordadas comenzaban a desertar mientras en algunos casos la altura ya se hacía sentir y a lo lejos se escuchaban algunos echando afuera el desayuno y algo más. Después de 2 hrs y media llegamos al pequeño, pero hermoso refugio de Agostini, construcción tipo iglú remodelada por el Club Andino Wechupún ubicada a 4600 msnm, lugar donde junto a otras 5 personas y un perrito lo repletamos para capear un poco el intenso frío. Luego de algunos inesperados, pero agradables encuentros con amigos de montaña y de la salida del sol (además de una nueva inyección anímica y de energía) retomamos el ascenso. La tenacidad de Ximena me sorprende, la veo firme en el trekking y avanzando fuerte y segura y a ratos olvidando que ya rondábamos los 4800 msnm. Comenzábamos a adelantar a muchos que habíamos visto llegar junto a las mulas y que con toda seguridad algún tipo de preparación habían realizado para este cerro, lo cual me inyecta confianza de que nuestro objetivo se podría lograr. El sol ya hacía variar la temperatura y el viento, intenso hasta el momento de la salida del sol, había desaparecido casi por completo, por lo que las plumas y gorros comenzaban a desaparecer e incluso los guantes hasta sobraron en algún minuto. "Hasta aquí llegué la primera vez que vine" le digo a Ximena, haciendo la distinción de que en ese punto el frío y el cansancio me había obligado a desertar mientras que ahora ella iba con toda la energía y la temperatura hasta se sentía agradable. Pero este cerro no podía doblegarse tan fácil y por lo que cuentan las historias la mayoría de los que van por primera vez algún precio tienen que pagar y aquél ascenso que se veía tan sencillo comenzó a dificultarse, el acarreo se hacía más difícil, el sendero más vertical y los casi 5 mil metros se comenzaron a sentir. Pese a que seguimos adelantando cordadas que abandonaban su intento Ximena me dice que se comenzaba a sentir un poco mal cuando ya tomábamos el sendero que nos llevaba a la Pirca del Inca y al cruce del glaciar, quizás el sector más técnico o de mayor precaución de toda la ruta. El ritmo de avance no era rápido, es cierto, pero nos podría haber llevado a la cumbre sin complicaciones en una par de horas, pero no sabía si Ximena podría avanzar todo ese tiempo o si las fuerzas se mantendrían con nosotros o si la altura seguiría ignorándonos. "No quiero seguir caminando" me dice, acusaba un dolor de cabeza y en el sector del cerro que nos encontrábamos aún daba sombra lo cual hacía disminuir la temperatura. Comienzan a bajar los primeros cumbreros y junto con decirnos lo agradable que estaba, nos intentaban traspasar sus energías renovadas con la emoción de la cumbre. Convenzo a Ximena de avanzar un poco más a lo cual accede gracias al pequeño descanso que nos tomamos, un último ascenso y estando junto al glaciar, a unos 5100 msnm decide que ya es todo, las energías estaban en su límite y además pensando en que nos quedaba un duro descenso, finalmente decidimos abortar.







A pesar de eso, no podíamos no maravillarnos de la vista que desde ese sector tenemos, ya en un hombro del cerro y con el glaciar frente a nuestros ojos. Una foto antes de comenzar a bajar y media vuelta, la cumbre quedó ahí, quizás a una hora o un poco más, pero no podía dejar de estar orgulloso del esfuerzo desplegado por la Xime. Bajamos no sin antes hacer un breve descanso en Agostini para luego de casi 3 hrs llegar al "infierno" de Federación. Personalmente con la espalda literalmente en la mano (molestia que hace ya algunas salidas me ha preocupado) y Ximena con las consecuencias de un descenso rápido desde los 5100 hasta los 4200 mts, aunque nada que un buen descanso no pueda recomponer. La ausencia de viento y el intenso sol hacían que la temperatura en la carpa y en todo el sector del campamento fuera muy alta, lo que también provocó que un nuevo esterito comenzara a correr a un costado del refugio (de paso inundando una carpa erroneamente instalada junto al lecho del mismo). Hasta muy tarde de ese día cordadas bajaban, algunas desde la cumbre, otras no, algunos más contentos que otros, pero no por eso sin disfrutar de un gran cerro.





Al otro día, desde las 6 am cordadas comenzaron a abandonar el campamento, nosotros lo hicimos cerca de las 8.30 y en un retorno tranquilo, llegamos cerca de medio día al vehículo, donde acordándonos de la solidaridad de la cual todo montañero ha necesitado en algún momento, transportamos hasta Santiago a dos compañeros que igualmente habían emprendido su retorno. Podemos decir que retornamos contentos, tanto por las experiencias vividas como con los desempeños personales, felices de haber desafiado al guardián de Santiago.