Estudiando la ruta

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Expedición Licancabur
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miércoles, 31 de diciembre de 2014

Siete años... en el San José.

Siete años. Casi siete años habían pasado de aquella vez en que junto a tres amigos más, casi irrespetuosamente, habíamos decidido ir al volcán San José. Quizás lo miramos en menos, no tuvimos la suficiente preparación, la razón que sea, pero nuestra desfachatez con la montaña nos pasó la cuenta. Me juré en aquella ocasión no regresar hasta que me sintiera capaz de ir y llegar a la cumbre. Aunque no siempre eso depende totalmente de uno, el tener la confianza de poder lograrlo influye… y mucho.

La idea estaba planteada y cuatro eran nuevamente los osados en retar a la montaña. Solo Javier repetía (por tercera vez) su intento al volcán, juntando fuerzas para ir al lugar donde el terremoto del 2010 lo había obligado a abortar la vez anterior. René iba por su primer 5 mil (y mantener su 100% de efectividad en cerros de Santiago) mientras Guillermo iba por una revancha personal y como un apoyo en todo sentido, en lo logístico y lo psicológico.

El día elegido para comenzar la expedición requería gestionar algunos “permisos”. No es fácil decir en la familia que el Viejito Pascuero se va a pasar la Navidad en el cerro, pero después de algunos tira y afloja todos tuvimos la venia por semejante situación y a las 10.30 am del 25 de diciembre ya enrielábamos rumbo al norte, a la “capitale”. El viaje tranquilo, muy conversado y con pasada a San Fernando incluida que llenó de energías a nuestro primerizo en los cinco miles. La llegada al sector del Cabrerío se da dentro de los tiempos esperados y a las 18.30 hrs comenzamos el trekking hacia el refugio Plantat, nuestro primer lugar de descanso. 






El valle de La Engorda nos recibe con un volcán completamente cubierto de nubes, algo normal y esperable en esta época, pero a medida que ganamos altura y nos acercamos al refugio las nubes van permitiendo que esa gigantesca mole de 5856 msnm se muestre en todo su esplendor. Era la “hora mágica”, esa hora en que los rayos del sol tiñen de tintes anaranjados las nubes, los cerros y todo el ambiente. A las 22 hrs ya estábamos instalados en nuestras carpas (el refugio se encontraba completamente ocupado, lo cual también es esperable en esta época) y nos preparábamos para la extensa jornada del día siguiente.






Este día marcaría nuestras reales capacidades y opciones de poder llegar hasta la cumbre. Era una jornada larga, en la cual iríamos desde Plantat (3130 msnm) hasta el C2 (4800 msnm), algo desfachatado quizás para unos montañistas sureños que poco o nada de aclimatación tenían. La salida es de madrugada y a medida que avanzamos, los rayos del sol comienzan a dominar en lo que se presenta como un día totalmente despejado. Llegamos al sector de Las Lajas (3500 msnm) y lentamente el grupo se comienza a disgregar. y René y yo (Jorge) tomamos distancia, mientras Guillermo y Javier avanzan un poco más lento. La distancia entre ambos grupos hace necesario reorganizar las cordadas: carpa para allá, comida para acá, abrazos, tristeza, buenos deseos. En el fondo quizás sabíamos que era poco probable que llegáramos todos a la cumbre, sin embargo la confianza no se perdía. Con Javier y Guillermo me une un lazo especial, uno es como mi hermano, el otro mi mentor en la montaña y esa fuerza mental que a ratos me escasea en el cerro, sin embargo junto a René formamos una cordada fuerte y en lo personal deposité en él la confianza que se necesita para un cerro de estas características y creo sinceramente que no fallamos. Después de 4 horas aprox. llegamos al C1 (4200 msnm), desolado campamento entre roqueríos y penitentes (formaciones en los neveros que son como “estalagmitas” de nieve que pueden llegar a los 2 mts de altura, pero que en este caso sobrepasaban el metro y medio y podían dificultar mucho el avance). Hasta el C2 eran cerca de 4 a 5 hrs. más, por lo que a sabiendas de la necesaria hidratación, aprovechábamos cada esterito o canal que se cruzaba por nuestro camino para abastecernos de agua. Sorpresivamente nos encontramos con un campamento intermedio del cual desconocíamos su existencia (ubicado a unos 4600 msnm.), sin embargo este se encontraba algo lejos de la cumbre e inmediatamente sobre él, estaba el C2. Desde acá eran unos 200 mts de desnivel a través del “peor acarreo del mundo”, peor que cualquiera por el que haya pasado, lo que sumado a la altura y las horas de trekking que llevábamos, personalmente me hacían enfadar mucho. Luego aparece una pequeña plataforma, el glaciar del San José a un costado y el cráter principal ahí, en frente nuestro. Habíamos llegado al C2.






La preocupación por nuestros compañeros nos hacía cada cierto rato mirar si es que ellos venían de camino, hasta que logramos apreciar abajo, en el campamento avanzado, que la carpa estaba instalada. Eso nos tranquiliza y comenzamos a planificar la jornada de cumbre del día siguiente. Primero un descanso, alimentarnos y preparar el equipo, luego algunas fotos al campamento y a dormir temprano, la hora de salida sería a las 4 am.

Suena el despertador y comienza la jornada. El frío aún no era tan intenso, pero si requería que avanzáramos con todo los que llevábamos de abrigo: casaca de pluma, mitones, cortaviento. Rápidamente con René encontramos el sendero y comenzamos el lento avance. Cerca de una hora llevábamos cuando aparece corriendo, cerro abajo, un joven (del cual me referiré más adelante como #chiloteandinista) quien desesperado nos dice “no suban!! No suban!! Hay tormenta eléctrica arriba”. Con René miramos al cielo, despejado, solo unas pocas nubes y con un lenguaje un poco enredado nos explica que “entre la cumbre internacional y la chilena había una tormenta que le había impedido hacer cumbre” entre otras cosas. Después de explicarle que esas tormentas se daban hacia el lado argentino y que era frecuente ver los destellos de los rayos a la distancia, continuamos el rumbo, mientras él siguió bajando. Poco a poco veíamos como las luces de los otros grupos avanzaban, mientras nosotros contábamos cada paso y la altura ya se hacía sentir. René se adelanta y me comienzo a quedar atrás. Un grupo me sobrepasa y se une a René, mientras yo comienzo a buscar fuerzas de todos lados. Como algo, me hidrato y me doy cuenta que el agua estaba un poco congelada, el frío ahora si era agudo, justo en el instante que el sol comenzaba a asomar. Los rayos del sol me inyectan esa energía que necesitaba. René ya había cruzado el glaciar (100 mts aproximados de hielo cristal con zonas de algo de nieve) y me mentalizo a seguir, no podía quedar ahí. Crampones en los zapatos y justo en el instante que otro grupo me alcanza, nos metemos al glaciar (ellos sin crampones, por lo que en un instante debo hacerles huella para que puedan pasar un sector) y al llegar al otro lado se puede apreciar, ya con el sol arriba, el sendero que nos lleva al borde del cráter. René se iba quedando atrás del grupo de avanzada, siguiendo al pié de la letra su regla de “50 pasos y respirar” por lo que lo logro alcanzar. Ambos vamos bien, confiados, pero respetando los 5600 metros que ya habían. Éramos 8 los que avanzábamos, miraba hacia atrás y no veía a nadie más. El viento ya no era solo una que otra ráfaga esporádica, sino que golpeaba permanentemente nuestro costado derecho, a unos 40 kms/hr, lo que hacía que el frío también golpeara nuestro temple. La cumbre estaba ahí, a pocos pasos, pero cada uno de estos se hacía más y más difícil. Finalmente, siendo las 10 am., la pendiente termina y aparece ante nosotros la cumbre chilena, a pocos metros. Primero un pequeño cráter y luego yo, cual zombie de película de terror, sigo a René quien se dirige a un portezuelo que unía las cumbre chilena y argentina (siendo la primera más alta). Llegamos y junto con ver el cráter principal ante nosotros, gigantesco y apreciamos a unos 200 metros la cumbre principal, la internacional, aquella que marca la frontera entre Chile y Argentina. Lejos, para nuestras fuerzas que en ese momento el intenso frío mermaba aún más, lejos para nuestras fuerzas que la altura no nos dejaba recuperar. Nos conformábamos con la cumbre chilena, que con sus 5820 (36 mts más baja que la principal) sería nuestro objetivo final. 5 de los 8 que subimos en el grupo de avanzada llegamos hasta ahí. Los otros 3 ya habían dado la vuelta a todo el cráter. Fotos, abrazos, felicitaciones y después de 30 minutos, bajamos. La cumbre estaba lograda. Se me vienen a la mente mis amigos, esos con los que hace 7 años atrás quisimos envalentonarnos y enfrentar a este monstruo rocoso. Que orgullosos estarían.











Bajamos al C2 no sin antes cruzarnos con otros grupos que intentaban cumbre, algo tarde, pero con mucho ánimo. Aparecen las típicas nubes que cubren completamente el cono del volcán en el instante que con René bajamos a Plantat, donde llegamos cerca de las 16.30 hrs. Ahí ya nos esperaban Javier y Guillermo (este último había intentado la cumbre la misma noche que nosotros, pero no logró dar con el escurridizo sendero en ese acarreo horrible entre el campo avanzado y el C2). La alegría al encontrarnos con ellos es grande. Ahora el grupo estaba completo y podíamos compartir el relato, conversar y descansar en el refugio, en el cual esta vez si podríamos dormir sin tener necesidad de armar las carpas. Bajaban los otros grupos y se hace un agradable ambiente en el lugar, todos contentos, todos disfrutando la montaña.

A las 7.30 del otro día regresamos, bajamos de Plantat y cruzamos el valle de La Engorda para llegar hasta el vehículo y sentirnos por fin con la satisfacción de la misión cumplida, con la alegría de haber compartido con amigos una cumbre tan hermosa y exigente como la del volcán San José.

PS: Con respecto a #chiloteandinista, a este tipo lo vimos llegar el día que salimos desde Plantat al C2. Llegó tempranísimo con una tremenda mochila, de verdad grandota y luego saca una mochila con suerte un poco más grande que un banano mete un camelback de 1,5 lts y nos dice a todos que va a subir el cerro corriendo, hará cumbre y volverá a dormir a Plantat. “Este tipo es un seco, tremendo”, pensaron algunos mientras que una leve duda nos dejó a otros. Comenzó el trekking junto con la mayoría, siguiendo el ritmo de los más rápidos, pero siendo las 6 de la tarde aún seguía subiendo.
Cuando lo encontramos rumbo a la cumbre (bajando por un acarreo con crampones puestos), nos dijo que no había podido llegar a la cima por las tormentas eléctricas por lo que había bajado cerca de las 22 hrs, durmió en una pequeña pirca tapado con una manta de supervivencia y luego a las 3 am volvió a intentar subir, pero la tormenta continuaba por lo que bajó y nos encontró. Luego, su discurso para los otros (ya que todos estaban pendiente de él, ya que subía solo, con una pequeña mochila y además de noche) era que había logrado todas las cumbres, cambiando completamente el discurso que nos diera con René.

El hecho es que bajó, anoto eso en el libro de visitas del refugio y se fue, no sin antes prometer que vendría a subir el volcán “corriendo”. Fue tema de conversación de todos los grupos, tanto por sus contradicciones (la cantidad de cerros subidos, el tiempo que llevaba haciendo montaña, etc) como por el hecho de que efectivamente el tipo subió de noche, solo, pasó varias horas en una pirca probablemente a cinco mil metros y luego engrupió a todo el mundo y se fue. Lo hizo o no, quedará en el misterio.



domingo, 8 de junio de 2008

Volcán San José (recuerdo de una aventura)

Nuestro viaje desde un comienzo no fue fácil. Era nuestra primera experiencia en altura, nuestro primer gran cerro, el primer 5 mil que enfrentábamos y al cual íbamos solos. Hubo que documentarse, aprender la ruta, ver la locomoción, alojamiento, comida… fue un poco difícil conseguir todo, pero contamos con la ayuda de buenos amigos que nos facilitaron las cosas. Y así llegó el momento en que tuvimos que partir.

El día 25 de enero, después de haber pasado por Rengo, Rancagua y Santiago, llegamos al Paradero 14 de Vicuña Mackena donde tomamos un TurMaipo, el cual nos llevaría hasta Baños Morales. Desde ahí caminaríamos hasta el Cabrerío, sin embargo, una camioneta nos ve y se detiene inmediatamente para llevarnos. Eran unos tipos con una pinta de escaladores que no se la podían. (Como si adivinaran, mientras caminábamos unas niñas nos dicen “llevan paragüas?? Porque va a llover” presagiando que esas nubes que tapaban el volcán nos mojarían mas adelante).


Llegamos a Cabrerío y comenzamos a caminar. Nos equivocamos en el comienzo, pero un caballero que iba hacia el Marmolejo nos orientó y logramos rodear sin problemas el Morro Negro hasta llegar a el gran Valle de la Engorda.

El volcán San José se asomaba tímido entre las nubes, mostrando sus inmensas laderas blancas, recién cubiertas de nieve, sin embargo las nubes nos amenazaron durante todo el acercamiento. Cruzando el valle aparecieron los esteros que había que saltar y ahí el peso de mi mochila comenzaba a desgastarme. Llegamos al pie de la quebrada sur, lugar donde paramos a hidratarnos, comer un poco y ver bien la ruta la cual estaba muy marcada. Tomamos las mochilas y continuamos subiendo. La quebrada traía muy poca agua comparada con las fotos que habíamos visto y cuando íbamos mas o menos en la mitad comienza a chispear. Unas pocas gotas, pero bastante grandes. Por instantes daba la impresión que quedaríamos empapados, pero luego asomaba el sol y todo parecía mejorar.

Una vez que subimos la quebrada yo iba muy fatigado y no aguanto más y vomito. Aunque me sentí un poco mejor después de eso de todas maneras iba débil. Llegamos a Plantat en el momento preciso que comienza a llover. Alcanzamos a cambiarnos ropa, ordenar un poco y entrar. Curiosamente no había nadie más en el popular refugio. Ya estábamos a 3130 mts. y para todos sería nuestra primera noche sobre la cota de los 3 mil mts.
Estando en Plantat, aprovechamos de conversar, de comer y de hacer una pequeña celebración a Carlos quien ese día cumplió 24 años. Yo me volví a sentir mal, después de haber comido un poco y vomité nuevamente. Ya tendría que pensar muy bien si seguía subiendo al otro día, me sentía débil y con el estómago un poco revuelto. Desde ahí me estabilicé y compartimos como un grupo muy unido al interior del refugio. Era todo el refugio para nosotros y nos reímos, aprovechamos los juegos que había al interior y planificamos el día siguiente. Yo tomaría la decisión a última hora. Hugo, Carlos y Javier comenzaron a ordenar sus cosas pensando en una reestructuración.
A las 6 AM del 26 de enero nos levantamos y no me sentía para nada bien, así que ellos 3 deciden continuar solos. GPS en mano marcamos algunos waypoints (zona de agua, C1 y C2) y con una intensa niebla, los muchachos comienzan el ascenso. Ya eran las 8 AM.


(Relato de Javier, desde Plantat a 4100msnm, 26 de enero)
Caminamos a paso lento, pero constante para que no nos afectara la altura. Programamos el reloj para que sonara cada 30 y 45 minutos para hidratarnos y comer algo y así durante las 4 horas aproximadas que caminamos. A eso de las 12 del día se volvió a cubrir con una niebla y un poco de viento así que decidimos esperar un poco para poder continuar, pero poco a poco se tapó más y comenzó a caer una intensa nevazón. Estábamos en la duda sobre armar o no el campamento. Ya habíamos pasado Las Lajas, nos encontrábamos a 3700 msnm aprox. Esperamos unos 15 minutos sentados detrás de una roca donde analizamos la situación y decidimos armar el campamento en esa parte ya que había agua (corría un pequeño canal cerca). Si despejaba continuaríamos con el ascenso, pero en busca de la ruta para ganar algo de altura para después volver al campamento, pero eso no sucedió. Continuó nevando y estuvimos encerrados hasta las 8 PM, momento en el cual nos dimos cuenta que estaba todo blanco y presenciamos un atardecer maravilloso. Luego nos comunicamos con Jorge por radio, para decirle que decidíamos dejar la cumbre de lado por falta de tiempo, no nos íbamos a poder aclimatar bien ya que pensábamos hacer cumbre el día lunes y bajar ese mismo día al refugio porque el día martes, por el pronóstico que manejábamos, el tiempo iba a estar muy malo. Así que preferimos no arriesgarnos.

(Relato de Jorge, desde Plantat)

Ya en pié, tomé desayuno y después de comunicarme por radio con los muchachos decidí ir al San Josesito, de 3270msnm y que está a un costado del refugio. Cuando subía, vi que 2 personas llegaban al refugio. Llegando a la cumbre comienza a precipitar agua-nieve y decido bajar. Una vez de vuelta, dos montañistas de Santiago trataban de convencerse sobre si continuaban subiendo o no. Finalmente me invitan a que los acompañe a hacer un trekking hasta la zona de Las Lajas, lugar donde apenas teníamos unos metros de visibilidad, comienza a nevar muy fuerte y nos vemos en la obligación de bajar. Me comunico por radio con Hugo quien me informa que están todos bien y esperarán a que pase la tormenta.

Ya en Plantat había llegado más gente, algunos foreros de tricúspide con quienes hablábamos y otros fotologueros. La gran mayoría iba a hacer la travesía San José-Marmolejo, pero iban a esperar en Plantat a que pasara la intensa lluvia que se dejaba caer en ese momento.
Aunque parezca curioso, hasta ese momento no habíamos logrado ver el volcán.

(Relato de Javier, camino a los 4000mts).
El día domingo 27 de enero solamente quisimos conseguir altura, nuestra intención era pasar los 4 mil msnm y ver como nos sentíamos. Nos levantamos como las 6 AM y nos comunicamos con Jorge para explicarle lo que íbamos a hacer. En ese instante pasaron un par de amigos de Santiago que intentarían la cumbre del volcán. Llevaban un ritmo envidiable.
Esa mañana hacia mucho frió y la carpa amaneció con una considerable campa de hielo. Partimos a eso de las 7 AM del domingo y aprovechamos de seguir la huella de los amigos de Santiago que habían pasado antes. Tomamos la decisión de caminar hasta las 10 de la mañana a un paso lento y constante, ya que nos preocupaba que se volviera a tapar como el día anterior, hidratándonos cada 30 minutos. A las 9:30 AM alcanzamos los 4126 msnm, lugar donde comenzaban a aparecer pequeños penitentes. Descansamos y pudimos apreciar el hermoso paisaje, tomar fotografías, descansar y luego de 30 minutos regresamos. Nos sentimos muy bien físicamente, solamente a Hugo le dolía un poco la cabeza. Comenzando a bajar también me dolió la cabeza y aumentaba cada vez más. En el descenso nos encontramos con distintos grupos que se dirigían al C1, gente de Santiago, Rancagua y Talca. Nos comunicamos con Jorge quien ya estaba por llegar al campamento, ahí nos juntaríamos y descenderíamos juntos a Plantat.

(Relato de Jorge, desde los 3800 hasta el regreso)
El día domingo, ya enterado que Javier, Hugo y Carlos habían decidido bajar, me integro a uno de los grupos que saldrían a hacer trekking para llegar, al menos, al sector donde estaba la carpa de mis amigos. Salimos a las 8 AM del refugio. En una caminata bastante liviana, avanzamos rápido, fuimos tomando fotografías y por fin contemplando el volcán San José en todo su esplendor. Fue en ese momento donde me di cuenta del gran desafío que es subir un volcán así. Las dimensiones son incomparables con los cerros que estamos acostumbrados a ver en esta zona. La majestuosidad de esas cascadas de hielo, los inmensos glaciares y el estar rodeado de cerros con 4 mil o 5 mil mts. de altura. Así, entre tanto asombro, llegamos a la carpa y por radio los muchachos me informan que ya vienen bajando. Con Sergio y Cristian (mis cordadas circunstanciales en ese momento) decidimos subir un poco más y a los 3800 mts. aprox. nos volvemos a reunir. Bajamos al campamento y mientras preparábamos las mochilas para bajar comenzamos a sentir los rigores de la altura: unos pocos mareos al hacer movimientos bruscos y dolores de cabeza.

Estando todo listo comenzamos a bajar hasta Plantat. Ya en el refugio, todos los malestares pasan y solo queda disfrutar. Aprovechamos de bañarnos en la lagunita afuera del refugio, comer, fotografiar y volvimos al San Josesito, el cerro de los picados. Hermosa la vista desde esa cumbre, que de alguna forma utilizamos para consolarnos por nuestro “fracaso” ante el San José.

Luego de comer y gestionar el transporte para el regreso, descansamos. Observamos un hermoso atardecer, el único en el que el volcán se dejó ver imponente y poderoso. Volvimos a subir al San Josesito para ver el atardecer.

En la noche, cocinamos afuera del refugio contemplando una espectacular tormenta eléctrica en la cumbre del volcán, donde solo lográbamos ver los destellos silenciosos de relámpagos cercanos en una noche completamente despejada. Luego a dormir y preparar el regreso a casa.
A las 8 AM del lunes 28 de enero comenzamos a bajar. Una agradable mañana nos despide, donde tenemos la posibilidad de apreciar el volcán completamente despejado. El valle de La Engorda se despliega frente a nosotros con sus múltiples canales, después el puente que no pudimos encontrar cuando llegamos, luego el Morro Negro y finalmente el Cabrerío, donde está la camioneta que nos trasladaría hasta Santiago.
Observamos hacia atrás y vemos el volcán San José como una escuela, donde aprendimos mucho, conocimos muy buenas personas y lo mejor de todo que logramos funcionar como un grupo, coordinándonos en todo momento y actuando de acuerdo a lo que encontrábamos más seguro. Y como no conseguimos la cumbre, esperamos volver pronto, más decididos y con más experiencia sobre nuestros hombros para lograr ese tremendo desafío.
Es necesario, por supuesto, agradecer a Dios y a todos aquellos que nos ayudaron a realizar esta expedición. Desde nuestra ciudad hasta llegar a Santiago hubo personas que desinteresadamente nos ayudaron, facilitándonos desde equipo hasta alojamientos. Sin todos ellos no habría sido posible ni siquiera salir de Chillán.

Y de todas formas, el cerro no se moverá de ahí.
¡¡Gracias totales!!